La hemofilia es un problema sanguíneo que provoca hemorragias. Las personas que sufren de hemofilia no sangran más rápido de lo normal, su problema es que pueden sangrar durante un período más prolongado y pierdan más sangre.

La sangre de las personas que sufren de hemofilia no contiene la cantidad necesaria de factor de coagulación, que se encarga de controlar el sangrado.

La hemofilia es una enfermedad bastante poco frecuente, aproximadamente 1 en 10.000 personas nace con ella.

Existen dos tipos de hemofilia, el primero y el más común es la hemofilia A, en estos casos el paciente no tiene suficiente factor VIII (factor ocho). En La hemofilia B el paciente no cuenta suficiente factor IX (factor nueve). El resultado es el mismo para la hemofilia A y B, o sea, un sangrado por un tiempo mayor que el normal.

Los casos leves de hemofilia pueden pasar inadvertidos hasta mayor edad, cuando ocurren durante una cirugía o a un traumatismo. En los casos más severos, se puede presentar sangrado grave sin una causa. El sangrado interno puede ocurrir en cualquier parte y es común que se presente sangrado en las articulaciones.

Muchas personas con hemofilia son capaces de llevar vidas bastante normales. Sin embargo, algunos pacientes tienen episodios hemorrágicos graves, con mayor frecuencia y sangrado dentro de los espacios de las articulaciones.