En la lucha contra el cáncer infantil siempre nos enfrentaremos a uno de los mayores temores de los padres: si nuestro niño sufrirá dolor. ¿Cuánto dolor será producido por la enfermedad o por el tratamiento?, ¿Será posible aliviarlo?, ¿Cómo afectará al pequeño?.

En los últimos años se han hecho enormes progresos gracias a las investigaciones, presentamos algunos consejos dados por los expertos de la salud.

Antes de iniciar cualquier tipo de tratamiento para el dolor es necesaria su identificación y valoración. Si el niño es muy pequeño para declarar lo que siente, la valoración más próxima la hará su cuidador principal y en segundo lugar los profesionales de la salud.

En caso que el pequeño pueda verbalizar su dolor, es conveniente hacer uso del instrumento con escala de valoración del dolor, son dibujos de caras que indican con una puntación numérica de menor a mayor dolor, el niño elegirá la cara que mejor represente el dolor que siente.

Ante síntomas de dolor como rigidez corporal, agitación, ojos fuertemente cerrados, ceño fruncido, irritabilidad, falta de apetito o no poder dormir. Es conveniente consultar con el pediatra para hacer una evaluación y ajustar del plan de tratamiento médico.

Es buena idea llevar una bitácora (para mostrar en la próxima consulta) en donde se apunten los síntomas; en que momentos se presentan, cómo fue el dolor, que lo pudo desencadenar, cómo disminuyó o aumentó, lo que expresa el pequeño y cualquier otra observación hecha por los cuidadores.

Algunas otras ideas para ayudar al niño junto con el tratamiento médico para el dolor son la relajación, musicoterapia, zooterapia, la distracción del dolor utilizando el juego, contar cuentos, ejercicios mentales, ver dibujos animados o películas divertidas, el contacto físico como caricias y masajes relajantes.